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Desde el año 2000 se ha producido un cambio en la composición de los flujos migratorios a España. Esta nueva tendencia se caracteriza por un aumento en la llegada de personas procedentes de Latinoamérica. De hecho, en el trienio 99-01 el número de latinoamericanos en este país se duplicó, y en términos absolutos pasó de 150.000 a 300.000 personas, lo que supone una proporción de 26% en el total de la población inmigrante. Esa cifra sobrepasa, por primera vez desde mediados del decenio de 1990, el 23% que representaron los norafricanos para el año 2001. Aunque España es el destino más destacado de la reciente corriente migratoria desde Latinoamérica hacia Europa, ejemplifica uno de los procesos más destacados de la actual situación migratoria europea desde principios del presente siglo.
Los efectos de la década pérdida de los ochenta y las crisis socio-políticas de los noventa afectaron gravemente las clases medias de todos los países latinoamericanos, pero muy particularmente la de los países que hasta entonces habían servido de destino en las corrientes internas. La emigración extra continental creció significativamente durante los noventa. En los primeros años de este siglo las crisis venezolanas, ecuatorianas y argentinas provocaron que sus clases medias se sumaran al resto de la población en la búsqueda de otros países donde el futuro del esfuerzo de su trabajo no fuera tan imprevisible, donde sus familias pudieran vivir con “dignidad” y “sin violencia” /.
Como respuesta al desastre que sufrió los Estado Unidos en septiembre de 2001 (ataque a las torres gemelas de Nueva York) la administración Bush ha endurecido su política inmigratoria y dificultado sensiblemente la entrada al país. La lucha contra la inmigración “ilegal” a centralizado todos los esfuerzos, al tiempo que se paralizaban acuerdos de cooperación con diversos países de América Latina.
En términos generales los cambios registrados en los flujos migratorios que afectan a Latinoamérica responden a los cambios registrados durante el siglo XX en los sistemas de migración internacional. Sin embargo, la composición e intensidad de la corriente inmigratoria que está recibiendo Europa desde principios de este siglo son inéditas. Se trata de una inmigración de claro carácter laboral (adultos y familias jóvenes) y alta intensidad (300.000 a 400.000 entradas anuales entre 2000 y 2002).
El crecimiento de la población latinoamericana en Europa ha mantenido un sensible repunte durante la década de los años noventa. Los más de 300.000 inmigrantes latinoamericanos que llegaron a Europa durante la década elevaron hasta los 700.000 la población latinoamericana residente en los 15 países de la Unión Europea y los tres de la EFTA (Iniciales en ingles de la Asociación Europea para un Comercio Justo) a finales de la misma (1 de enero de 2000) /. En diez años se había duplicado su volumen, pero la aceleración de su crecimiento se seguía manteniendo. En los dos años siguientes se volvió a duplicar y es probable que a principios del año en curso (2004) la comunidad latinoamericana en Europa haya superado los 2.000.000 de inmigrantes. Este crecimiento ha sido mayor que el del resto de corrientes migratorias que ha recibido Europa en las últimas dos décadas, supone una intensidad anual de inmigración neta de cercana a las 400.000 personas en los primeros tres años de este siglo (2000-02). Lo que representa cerca de un tercio de la inmigración anual no-comunitaria que reciben estos países europeos según los datos de Eurostat y Sopemi.
De esta forma el peso de la comunidad latinoamericana en el total de la población extranjera no-comunitaria en los países de EU15+EFTA ha pasado del 3,4% en 1990 al 8% en 2001. Según las tendencias señaladas en el estudio y dadas las limitaciones de la recopilación estadística, es probable que en la actualidad haya llegado al 10% del total de extranjeros no-comunitarios residentes en Europa. Esta cifra no incluye los miles de inmigrantes procedentes de Latinoamérica que llegan a Europa ya con la nacionalidad del propio país de acogida. Se trata de las segundas y terceras generaciones de la emigración española, italiana, portuguesa que han adquirido la nacionalidad de estos países europeos antes de llegar y que por lo tanto no aparecen como inmigrantes “latinoamericanos”, sino como inmigrantes nacionales del respectivo país. A estos dos grupos debe sumarse, además, aquellos latinoamericanos que han conseguido instalarse y han adquirido la nacionalidad del país comunitario en el que residen, y que, por lo tanto, han salido de los stocks de poblaciones de extranjeros “latinoamericanos”. Cifra que superó las 200.000 personas, entre 1990 y 1999 /.
Dada la importancia numérica que estos dos últimos colectivos (las segundas generaciones y los nacionalizados) están adquiriendo en los dos principales países de acogida (España e Italia), la inmigración latinoamericana ha pasado a suponer uno de los principales grupos dentro de las corrientes de inmigración que afectan en la actualidad a la población europea. Como es sabido, se trata de una inmigración de adultos jóvenes, donde el peso de las mujeres es sensiblemente más alto que en las corrientes procedentes del norte de África (grupo de inmigración mayoritario durante la segunda mitad del siglo XX) y con un alto nivel educativo.
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